viernes, 16 de abril de 2010
Oh la lá (París)
lunes, 12 de abril de 2010
Marruecos
Tranquilos, no estoy hablando de hachis, suplemento nutricional ampliamente difundido en la península ibérica, pero aún mayormente recomendado en el vecino país africano. Estoy hablando de Ryanair, la aerolínea más barata de entre las baratas. Antes de viajar no llegaba a comprender muy bien el modelo de negocio que le permitía a esta empresa ofrecer tickets de 30 euros para ir de Madrid a Marrakech, o de 10 para viajar de Málaga a Milán.
La trampita es así. En primer lugar vos trabajás para la empresa. Antes vos ibas con tu valija al mostrador y te atendía una chica que luego de pesar tus bártulos y perdonarte ese par de kilos de exceso de equipaje, te daba en mano tu tarjeta de embarque con el asiento asignado según tu preferencia. Los más experimentados a veces llegaban temprano para pedir en las filas de la salida de emergencia. Si bien exigían la responsabilidad cívica de abrir las puertas en el caso improbable de un amerizaje, tienen más espacio para poner las patas. Ahora vos te metés a la internet, metés tu pasaporte y tu e-mail, y sin pasar por ninguna chica con pañuelo institucional, tu impresora te da el pase a la diversión.
El equipaje, salvo contadas excepciones, pasa a ser exceso. A ver. Vos podés llevar un solo elemento de equipaje de mano, que no puede pesar más de 10 kg ni exceder el tamaño de un microondas flaco, aproximadamente. Ojo, para evitar avivadas, la empresa aclara que niños pequeños no pueden ser considerados equipaje de mano. (En serio.) Si querés llevar algo más que eso, tenés que pedir por la internet que te cobren una tarifa que, casi seguro, es la mitad o más de lo que pagaste por el boleto. Todo lo demás que lleves, va a ser exceso. Incluye perfumes del free-shop, bolso matero, bolso playero y bolsa de ojos.
Al entrar al avión comienza la diversión. Se genera un ambiente primitivo de competencia por los recursos, que en este caso vendrían siendo los estantes para el equipaje y para muchos, los asientos de ventanilla. Todo ello, para el primero que los ve. Pueden imaginar que las señoras que están medio dormidas de tanto esperar y las madres que no saben si guardar su equipaje o impedir que los niños corran por las pistas de aterrizaje, hacen que el embarque sea un poco dificultoso.
Y apenas el avión deja de estar tan inclinado como para poder caminar, el pasillo se convierte en un estilo de peatonal. Las azafatas venden primero comidas y bebidas (incluyendo whiskies y chili con carne), perfumes con grandes descuentos, tarjetas “rasca y gana” (lotería) y mascarillas de oxígeno para casos de eventual descompresión de la cabina. Y luego, el ciclo vuelve a empezar para que los que con tanta emoción de comprar ya terminaron su sandwich de mayonesa y pollo. Bueno, la mascarilla quizá te la prestan ahora que lo pienso...
Si subís al avión con mucho hambre o sed (o ganas de chupar, que es distinto) y querés contribuir a los niños con visión disminuída de Irlanda y comprás una “rasca y gana” y te comprás el último Kenzo por 19 euros... te hubiera convenido viajar por Lufthansa o British. Así que ahí estábamos nosotros, comiendo nuestros dátiles y pasas de damasco mientras los tripulantes hacían su circo.
Marrakech
Todo esto y ni siquiera nos bajamos del avión! Disculpen pero quizás esta repentina abundancia de palabras se deba a que en este momento no están en el living, las tres o cuatro personas que generalmente escuchan música, ven películas y hablan mientras yo intento cumplir con un ritmo decente de actualización. Así que ahora van a tener que leer.
Marrakech no es la capital política de Marruecos (que creo es Rabat) pero si es el centro económico y definitivamente, turístico. Las mejores huestes de vendedores, tatuadores y demás clase de embaucadores acuden a esta ciudad para competir por los euros y dólares que puedan conseguir de esas gentes blancas con las bocas abiertas que vendríamos siendo nosotros, los turistas.
Afortunadamente el hostal nos ofreció servicio de transporte desde el aeropuerto porque como después aprenderíamos, cada compra o contratación de un servicio es un proceso que puede ser altamente riesgoso y producir un alto desgaste emocional y psicológico. En otras palabras, siempre tenés las sensación de que te están cagando con lo que te cobraron, o que te van a cagar de alguna manera. Pero el señor de la combi se portó muy bien y nos llevó a los 8, semimuertos después de nuestras 3 horas de sueño en el aeropuerto.
El hostal estaba muy bien ubicado, a un par de cuadras (concepto difícil de aplicar a esta ciudad) de la plaza principal de la ciudad. Al llegar por primera vez pensamos que iba a ser imposible hacer ese recorrido solos nuevamente, pero luego fuimos desarrollando una orientación basada, principalmente, en qué tiendas había que doblar hacia qué lado y cosas por el estilo.
Como dicen en andalucía “lo poco agrada y lo mucho empacha”. Las miradas que al principio nos parecían consecuencia de la curiosidad, fueron tornándose tan persistentes que yo empecé a considerarlas lascivas. En una de esas, y gracias a mi sordera psicológica (es bien sabido que no es culpa de mis oídos) hubo un malentendido que viene de ejemplo. Caminando por la “peatonal” luego de comer unos kebaps (comida recurrente por su buena relación llenador-precio) un folletero se acerca y les dice algo a las chicas. Según ellas, él les hablaba del Barcelona (venís de España, sos del barça. Sin embargo, yo entendí que con un tono cochinamente “seductor” les decía algo así como sexy. Ná que ver. La cuestión que le dije “You are gross” a lo que él contestó “Thank you”.(son políglotas).
Pasamos en total 3 noches en Marrakech, lo que nos dió casi cuatro días. Uno de ellos hicimos una excursión a unas “cascadas” que había cerca. Fue un fenómeno que yo describiría como cordobés. Había una caída de agua, eso es cierto. Es bonita, sí, como para mirarla un poco y seguir caminando. Pero había tanto circo alrededor como si fueran las cataratas del Niágara. Igual fue divertido, por supuesto.
Fuera de esta excursión, la mayor parte del tiempo fue deambular por las calles, lo que ya era de por sí fuente de diversión, aventura y sabor. Galletas de coco. Dátiles. Frutos secos. Y caracoles. Por el equivalente a 1 euro te vendían en la plaza central un bowl lleno de caracoles cocidos en un caldo que no puedo describir muy bien, ni estoy seguro de calificar como “sabroso”. Pero era más que nada por explorar sabores. En este plan tamibén probamos el famoso cous cous, tajín, pastila (nunca supimos cómo se escribe) y tanjía. Les debo las descripciones de estos platos, principalmente, porque se asemejan mucho entre sí: alguna combinación de carne de ternera, pollo o cordero con papas, zanahoria y pimiento y muchos, muchos condimentos.
Una de las cosas más curiosas fue ver (e imaginar la vida de) un palacio de un visir de varios siglos atrás. Es algo bastante sabido que la religión musulmana permite hasta cuatro esposas, siempre que se las pueda mantener. Pero en el caso de algunos “afortunados” el límite se flexibilizaba porque incluía a las concubinas, que simplemente prestaban su “compañía” sólo que no podían tener hijos con él. La verdad no se nos ocurrió preguntar por los métodos anticonceptivos del siglo X pero sospechamos que es todo una forma de decir. El palacio que visitamos tenía entonces 4 habitaciones para las esposas y un jardín muy grande con varias habitaciones alrededor para las 28 concubinas. Una cosa es leerlo en las mil y una noches o algo así, y otra ver el lugar e imaginar el tremendo puterío que habría entre todas las chicas y las esposas, los hijos legales, los hijos ilegales, los sirvientes picarones y todas esas cosas. Muy instructivo todo.
Al cabo de 3 días ya consideramos haber visto una parte importante de lo que había para ver en la ciudad, pero sobre todo, estábamos un poquito cansados de caminar por la calle sin saber exactamente dónde era calle y dónde era vereda ( con la consiguiente sensación de estar siempre a punto de ser atropellado), así que nos tomamos un tren a Fez, ciudad más tranquila y genuina que Marrakech, por no tener tanto turismo.
Tomamos un tren que en 7 horas nos llevó a destino. Por supuesto, no olvidamos nuestros dátiles y damascos para el camino.
Fez
En teoría la ciudad más antigua de Marruecos, sede de la primera universidad del mundo. Esto es lo que nos dijo el guía por lo menos. Al margen de la exactitud de sus dichos, si city tour fue casi lo único que hicimos en el día que estuvimos en esta ciudad. Fue más que interesante porque en una tarde nos mostró los puntos más pintorescos de la Medina (la ciudad antigua), que hubiera sido imposible recorrer solos sin perdernos. Además, a diferencia del guía de Marrakech éste hablaba español y no una mezcla de todas las lenguas romances.
Qué alivio fue llegar a una ciudad donde no nos perseguían bocinazos de motos ni vendedores, tatuadoras de henna o comerciantes de narcóticos. Fez tenía muchas tiendas, por supuesto, pero los vendedores tenían un estilo más santiagueño a la hora de promocionar sus ventas.
El hotel fue bastante interesante, porque nos dio la sensación de que en algún momento tuvo esplendor, belleza, confort y esas cosas que los hoteles suelen querer ofrecer, pero que luego se vino abajo. La ventaja es que quedaba muy bien ubicado y en una ciudad donde no hay hostales, el precio estaba bastante bien para ser un “hotel”.
Tengo la sensación que en esta ciudad pudimos ver un poco mejor cómo es el verdadero Marruecos, cómo vive la gente y cómo vivía antes. O por lo menos, cómo era la ciudad antes. La Medina permite ver eso, con sus calles estrechísimas, todo amontonado, madera y barro en vez de hierro y cemento.
Luego de dormir en Fez llegó el día de volver a Madrid. Otra vez la experiencia Ryanair. Cola, escalera, carrito de comidas, carrito de perfumes, carrito de quiniela y cola.
Marruecos fue quizás el lugar que me pareció más diferente en todo sentido. Fue muy interesante ver lo distinta que puede ser una cultura, el paisaje y hasta el sabor de la comida. Pero confieso que también fue un alivio volver a España, donde me puedo comunicar, tengo certeza de los precios que tengo que pagar y no tengo esa sensación de que todos nos están mirando. Exactamente lo que uno hace con ellos, qué curioso.
Para más fotos de Marruecos, clic acá
Ésto fue Marruecos. A más de uno le habrá parecido un montón, pero estoy seguro que me olvido de la mitad de las cosas. Bueno, tampoco es esto un informe, pero más de alguna historia se me habrá quedado por ahí.
Próximamente, el relato de los cuatro que siguieron a la capital francesa.
Se agradece su visita. Podéis iros en paz.