viernes, 16 de abril de 2010

Oh la lá (París)



La experiencia Ryanair

Aquellos lectores que hayan visitado el post anterior ya tendrán una idea de lo que significa viajar con esta línea barata. La verdad que cuando uno ya sabe de qué se trata y quiere pagar poco, no puede quejarse. Sin embargo hasta los turistas gasoleros tenemos una paciencia limitada.
Recordarán que para abordar uno de estos aviones tan espantosamente decorados (bajos costos de comunicación) uno debe entregarle a uno de los tripulantes espantosamente vestidos (idem) el boarding pass que uno mismo imprimió en su casa a través de su portátil (epa, no es laptop). Resulta que en este proceso hay una alta probabilidad de que al vuelo de Paris se meta una señora que quería ir a Praga, pero ya no puede distinguir letras que no estén en mayúsculas.. o un señor que en realidad quería ir a Venecia pero está tan chupado que le da igual.
Así que ya estábamos sentados y preparándonos psicológicamente para toda la violencia comercial que iba a ser ejercida sobre nosotros cuando notamos que ya era hora de despegar y el avioncito seguía quieto. Los uniformes espantosos iban y venían por el estrecho pasillo con aires de importancia y misterio... y el avioncito seguía quieto.
Subieron dos empleados más de la aerolínea que tenían cara de más importancia y finalmente decidieron develar el misterio: sobran pasajeros. Una de las azafatas decide repetir su conteo de pasajeros con el cuentaganado (nunca fue más acertada su denominación) y llega a la misma conclusión. Quizás con la secreta esperanza de obtener un resultado diferente repite el proceso una y otra vez, pero se decepciona con la conclusión, se guarda el chiche en el bolsillo y se va a la cocina a comer una barrita de cereal.
Pasan entonces asiento por asiento pidiendo los "boarding passes" que muchos ya habían usado para tirar el chicle (a esta altura, sin sabor), señalar la página del libro (ya casi terminado después de tanta espera) o sonarle los mocos al nene. Pero esto no es suficiente... siguen sobrando pasajeros. Ya iba más de una hora cuando nos dicen que "persiste el inconveniente técnico, por lo que vamos a proceder a chequear sus boletos - otra vez ".
A esta altura los españoles ya estaban "flipando", como ellos dicen. Yo no sabía si reírme o gruñir, así que hacía las dos cosas alternadamente. Una hora y cuarto después de la hora en que debíamos despegar, llegan a la conclusión de que no sobraban pasajeros sino que había un par que faltaban en la lista. Sí señor. Bienvenido a bordo.

Por suerte se ve que entrenan a los tripulantes de Ryanair en relaciones públicas y gestión del descontento de abordo, porque luego de terminar de ofrecer bebidas, comidas, perfumes y juguetes, la azafata toma el micrófono y dice "Señores y señoras, queremos pedirles disculpas por la demora. Como sabemos que han tenido que esperar mucho tiempo y quizás estén aburridos, voy a ofrecerles nuestro juego de lotería rasca y gana... blablablabla".

Es decir, a modo de disculpas nos quería VENDER algo. Así que ya fue demasiado y todo el avión se repartía entre risas, aplausos y abucheos. Qué divertido es Ryanair!

Llegando a Paris

Viajar barato implica que muchas veces después del avión tenés que tomar un bus . Ése fue el caso de Paris, ya que el aeropuerto donde aterrizamos está a una hora y cuarto de la ciudad. Teniendo en cuenta lo que tuvimos que esperar sentaditos en el avión, el sentimiento predominante al llegar a destino era hambre.

Uno de los del grupo tiene amigos en Paris, por lo que apenas llegados nos juntamos con ellos en la estación de metro. Ellos nos llevaron hasta la torre Eiffel, por supuesto que no se podía esperar ni un segundo más para sacar la foto. Ni un segundo. Grande fue nuestra alegría al ver que frente a la torre hay un puesto de crepes! Así que junto al Sena y bajo la torre Eiffel iluminada comimos unas crepes de jamón, queso y huevo que de más está decir, estaban exquisitas. Estaba bastante fresquito Paris, y estábamos muy cansados también, así que nos fuimos al hostal.

Montmartre

Es demasiado pedir que organice el post cronológicamente. No consigo recordar muchos detalles de la vida, que de todas maneras, no cambian nada.

La cuestión es que uno de los días fuimos al barrio de Montmartre, el que más me gustó. Ahí es donde está la iglesia de Sacre Coeur, un espectáculo. No he visto demasiadas iglesias, pero las suficientes como para que ya no pueda asociar los interiores que vi con la imagen que tienen por fuera. Yo simplemente recuerdo que estaba muy buena.

París es una de las ciudades más visitadas del mundo. No lo dudo.

Foto al estilo turista coreano con cámara nueva.

Después de visitar la iglesia pasamos por Moulin Rouge. Se puede ir a cenar, tomar algo o simplemente ver el espectáculo, que seguramente debe ser interesante. De todas maneras, la opción más barata era 80 euros, unos $ 425. Gracias.

Así que seguimos caminando. El área me hizo acordar a San Francisco (Castro Street, específicamente).. sex shops, lencería erótica y por supuesto... souvenirs! Muchos, muchos souvenirs. En cierta forma los souvenirs me provocan la misma sensación que los productos Sprayette: me pregunto por qué existen, por qué te pasan tanta publicidad y llego a la misma conclusión: siempre hay un ...... consumidor para ellos.

Vamos gente! Qué necesidad hay de comprar una "réplica" de la torre Eiffel de 30 cm., ideal para disputar el lugar de la estrella de Belén en la cúspide de nuestro arbolito de navidad? Por ahí si le ponés una bombilla de bajo consumo y lo ponés en tu mesa de luz... zafa...

Seguimos caminando y de repente Edwin se pone exaltado frente a la puerta de un bar. ¿Será que tiene hambre? Bueno, Edwin siempre tiene hambre. Pero no: es el bar "dos molinos", donde trabajaba Amelie, se acuerdan? Así que antes de que pudiera pestañear ya estábamos todos sacando fotos. Confieso que a veces me dejo llevar por la euforia fotográfica irreflexiva.

Tomamos un vin chaud, que es un vino caliente con canela y alguito más que no me acuerdo. Lo acompañamos con créme brulée, que yo en argentina nunca había probado pero parece ser un postre muy famoso entre los golosos de la cocina internacional. Lástima que Amelie estaba de franco ese día, pero igual nos atendieron muy bien, a pesar de que todo el tiempo nos estábamos moviendo para sacarnos fotos.


El Louvre

Es como cuando digo "esta noche no salgo". Todos sabemos lo que pasa. Cada vez que llegamos a una de estas aglomeraciones gigantescas de personas (capitales) yo afirmo que no quiero ir a meterme a esos lugares donde hay que pasar el 80% del tiempo en colas.

Pero allá voy. Por ejemplo, al Louvre.

¿Cómo explicarles? No es que no pueda apreciar una pintura, admirar una escultura que tiene más de 20 siglos (sí, la Venus de Milo es viejita) y presenciar el choreo francés a una variedad de culturas como la egipcia. Pero... pero... así no. Una cosa es cuando vas con una persona que te puede ir explicando algo, guiándote o al menos mostrándote las cosas más importantes en semejante cantidad de obras de arte. Y otra es deambular por un museo que necesitaría varios días para contar su historia, sin ninguna idea sobre lo que hay para ver y con toda esa tremenda cantidad de gente que cree que mientras más fotos saque, mayor será su cultura.

Ojo, no se dejen engañar por mis quejas. Sí que me gustó ir, pero creo que el mundo está llenándose de gente. Y el museo no está exento. La tan famosa Monalisa (La Gioconda) parece ser el punto más visitado de todo el museo. Yo no sé muy bien por qué, pero la gente parece asignarle un carácter cuasi divino. Un estilo de Difunta Correa o Gauchito Gil. Ella ocupa toda una pared, está cubierta por una placa de acrílico y por decenas de personas intentando sacarle fotos. Fueron a Paris, compraron la entrada al Louvre, hicieron la cola y llegan a esta misteriosa obra para... sacarle una foto. No sé si consiga expresar la sensación que ésto me produce, pero si fuera por mí, prohibiría entrar con cámara al museo. Vas para ver, carajo! Si te gusta la pintura, comprate una reproducción que seguramente va a tener más calidad que una foto de una placa de acrílico con un montón de luces reflejadas. (Ponele que la gente respeta y saca fotos sin flash.)

Así que dos horas después, me siento como si hubiera acompañado a mi hermana y mi mamá por un tour de compras durante 8 horas.


arte, agot arte.

HAY que sacarse una foto en la pirámide. Obvio gor!

Quartier Latin

Qué caro que es París! Acá compramos una caña (cerveza tirada) por 1,5. En la ciudad de las luces ese número se cuadruplica. Así que tus ganas de salir a conocer los bares... qué caro que es París!

Un día teníamos que comer "comida francesa". Nuestra elección fue el quartier latin que sería el barrio latino. Decenas de restaurants con menús para turistas, casi que Marrakech pero con estilo. Elegimos uno y nos dimos el gusto de probar algo que en algún punto se debe parecer a la comida francesa (recordemos, restaurant para turistas) y lo acompañamos con el correspondiente vino. No estuvo para nada mal, y no pagamos demasiado. La verdad que no es lo mismo comer caracoles en Marruecos que en París, donde se llama escargot.

El mozo era un viejito rabioso que pretendía que un yankee (perdón pero a mí no me sale americano...), una mexicana, una rumana y un argentino le pidan los platos por su nombre correctamente pronunciado. Así que se dio el gusto de corregirnos como pronunciamos las cosas. Pero en realidad se puso contento cuando le pedí el vino. En honor a la ocasión y recordando a mi amiga francoparlante Maitén, traté de pronunciar Cuveé Maison como supuse que se debía... y el viejito dijo "Oh, qué bien, habla francés.." Ponele.

Panza llena, corazón contento. Una cervecita nos podemos tomar no? Bueno, dale.

Marche una cara de boludo para la mesa tres!

Disneyland

Uff... Quién hablaba de colas? La verdad que no es para mí. Una hora de cola, 3 minutos de montaña rusa. Una hora y media de cola, 5 minutos de simulador ochentoso. Voy a creerles a los chicos en cuanto a que Disney de Florida y California son muuucho mejores. Pero creo que prefiero ir a un parque de diversiones. Di-ver-sio-nes. Cachai? (Uh qué mala onda que soy! Sí, malísimo.)

Por supuesto que fue divertido, pero lo pensaría mucho antes de volver ir a Disney.


Versailles

Nos levantamos temprano para ir a conocer el fabuloso palacio de Versailles y sus famosísimos jardines. Tomamos el tren, y en media hora estábamos en la estación de destino. Caminando hacia el palacio comienza a caer granizo. Sólo 1 paraguas para 4 personas así que... whatever. Mientras no llegue al tamaño de una pelota de tennis está todo bien.

Empezamos a hacer la cola, bastante larga. Se larga la lluvia. Tratamos de meternos todos bajo el paraguas único. Foto, foto! Otra, otra! Uh loco, qué divertido es esto!


La cola se mueve muy despacio, pero muy pero que muy despacio. Tratamos de divertirnos. Uno tiene un iPod. Va compartiendo los auriculares. La cola se mueve muy despacio. Lluvia otra vez. Deja llover. Lluvia otra vez! La cola se mueve un metro. Lluvia otra vez! Bueno, falta menos... que antes.


Llegamos a los últimos diez metros de cola, luego de una hora y media y escucho por los parlantes que sólo se escuchan en los últimos diez metros de cola: "Aquellos estudiantes y menores de 26 años no necesitan adquirir su entrada, sólo acercarse a la puerta con su identificación"... Amm.

Bueno, ya fue, ya hicimos la cola todo este tiempo y sólo quedan diez metros... la terminemos. MAL. Muy mal. Persistir en un error sólo porque invertiste mucho esfuerzo en él... MAL. Media hora después llegamos a la ventanilla para que nos repitan lo que escuchamos por los parlantes y entonces me siento... un tremento pelotudo. No hay otra palabra.

Bueno, vamos a entrar ya. Buenísimo, entramos al palacio gratis, somos estudiantes.

Vamos primero a los jardines porque ahora justo dejó de llover, además son lo más lindo del lugar. Dale. Uh, hay que pagar! Qué, por los jardines? Sí, sólo es gratis el palacio. Bueno, ya fue, vinimos hasta acá y son los jardines de Versailles, paguemos. Dale.

Vemos los jardines que de verdad son espectaculares. Luis XIV me parece un personaje muy interesante. Siempre pienso en la locura galopante que debe haber tenido. Él debe haber querido un palacio a la altura de su ego... y de ahí salió Versaille.

Me suena el celular en el jardín de Versailles. Es mi madre para saludarme por pascuas. Qué loco.

Cuando nos dimos satisfechos con los jardines nos disponemos a visitar el palacio. Expectativa. Si el jardín fue así, y los "pequeños palacios" eran grandiosos, imaginamos que el palacio es la misma muerte. Pero en realidad, nos quisimos morir cuando nos dimos cuenta de que no se podía entrar. Acababa de cerrar hace cinco minutos.

MAL. Hicimos las cosas MAL. MUY MAL. Así que no nos quedó otra que reírnos de nuestra... manera particular de ser.

De todas maneras los jardines son lo mejor no? Sí, sí, obvio, en realidad el palacio es más o menos y blablablabla.

GILES!


Vamos redondeando...

Como verán en el álbum de fotos que voy a dejar al final, estuvimos en el cementerio de la Bastille. No me pregunten cómo es el nombre, pero es donde están enterrados personajes como Edith Piaf, Chopin, Jim Morrison y Oscar Wilde. Para mí el cementerio no era una prioridad, pero tampoco tuve problema en ir. Y admito que fue interesante verlo, sobre todo, la tumba de Oscar:


"Real beauty ends where the intellect begins"
"La verdadera belleza termina donde comienza el intelecto".
Humm.


Señores, París duró 6 noches. Pero ya les hice leer demasiado, creo. Quizás hayan percibido que no tenía muchas ganas de sacar fotos en estos lugares, yo lo atribuyo al clima nublado, lluvioso y frío. Definitivamente prefiero el sol. Sin embargo si no vieron el álbum , donde hay algunas fotos más, pueden verlas ACÁ.

Espero que haya quedado muy claro el concepto de las colas. Esperemos que no se repitan mucho en Londres. Esperemos que la nube de cenizas decida sentar cabeza. Pero bueno, ¿ Quién soy yo para pedir eso? Esperemos que podamos volar el Sábado.

Pero mejor no esperemos tanto porque el que espera, desespera.

Senhoras e senhores, muito obrigado por terem vindo. Foi um prazer ve-los por aqui. Até a próxima vez, que vai demorar um pouquinho. Serao duas semanas? Serao tres? Quem sabe.

Au revoir!

lunes, 12 de abril de 2010

Marruecos

Si el objetivo de viajar es conocer un lugar y cultura diferentes, entonces Marruecos es el destino. Desde la comida y las costumbres, hasta los olores y sonidos... el lugar sorprende. Las sorpresas pueden ser buenas y no tanto, pero por más incómoda que sea una costumbre (como la de querer canjear “nuestras mujeres” por camellos), se puede sobrevivir cuando se viaja en malón, y las rubias son minoría.


Volar barato

Tranquilos, no estoy hablando de hachis, suplemento nutricional ampliamente difundido en la península ibérica, pero aún mayormente recomendado en el vecino país africano. Estoy hablando de Ryanair, la aerolínea más barata de entre las baratas. Antes de viajar no llegaba a comprender muy bien el modelo de negocio que le permitía a esta empresa ofrecer tickets de 30 euros para ir de Madrid a Marrakech, o de 10 para viajar de Málaga a Milán.

La trampita es así. En primer lugar vos trabajás para la empresa. Antes vos ibas con tu valija al mostrador y te atendía una chica que luego de pesar tus bártulos y perdonarte ese par de kilos de exceso de equipaje, te daba en mano tu tarjeta de embarque con el asiento asignado según tu preferencia. Los más experimentados a veces llegaban temprano para pedir en las filas de la salida de emergencia. Si bien exigían la responsabilidad cívica de abrir las puertas en el caso improbable de un amerizaje, tienen más espacio para poner las patas. Ahora vos te metés a la internet, metés tu pasaporte y tu e-mail, y sin pasar por ninguna chica con pañuelo institucional, tu impresora te da el pase a la diversión.

El equipaje, salvo contadas excepciones, pasa a ser exceso. A ver. Vos podés llevar un solo elemento de equipaje de mano, que no puede pesar más de 10 kg ni exceder el tamaño de un microondas flaco, aproximadamente. Ojo, para evitar avivadas, la empresa aclara que niños pequeños no pueden ser considerados equipaje de mano. (En serio.) Si querés llevar algo más que eso, tenés que pedir por la internet que te cobren una tarifa que, casi seguro, es la mitad o más de lo que pagaste por el boleto. Todo lo demás que lleves, va a ser exceso. Incluye perfumes del free-shop, bolso matero, bolso playero y bolsa de ojos.

Al entrar al avión comienza la diversión. Se genera un ambiente primitivo de competencia por los recursos, que en este caso vendrían siendo los estantes para el equipaje y para muchos, los asientos de ventanilla. Todo ello, para el primero que los ve. Pueden imaginar que las señoras que están medio dormidas de tanto esperar y las madres que no saben si guardar su equipaje o impedir que los niños corran por las pistas de aterrizaje, hacen que el embarque sea un poco dificultoso.

Y apenas el avión deja de estar tan inclinado como para poder caminar, el pasillo se convierte en un estilo de peatonal. Las azafatas venden primero comidas y bebidas (incluyendo whiskies y chili con carne), perfumes con grandes descuentos, tarjetas “rasca y gana” (lotería) y mascarillas de oxígeno para casos de eventual descompresión de la cabina. Y luego, el ciclo vuelve a empezar para que los que con tanta emoción de comprar ya terminaron su sandwich de mayonesa y pollo. Bueno, la mascarilla quizá te la prestan ahora que lo pienso...

Si subís al avión con mucho hambre o sed (o ganas de chupar, que es distinto) y querés contribuir a los niños con visión disminuída de Irlanda y comprás una “rasca y gana” y te comprás el último Kenzo por 19 euros... te hubiera convenido viajar por Lufthansa o British. Así que ahí estábamos nosotros, comiendo nuestros dátiles y pasas de damasco mientras los tripulantes hacían su circo.


Marrakech

Todo esto y ni siquiera nos bajamos del avión! Disculpen pero quizás esta repentina abundancia de palabras se deba a que en este momento no están en el living, las tres o cuatro personas que generalmente escuchan música, ven películas y hablan mientras yo intento cumplir con un ritmo decente de actualización. Así que ahora van a tener que leer.

Marrakech no es la capital política de Marruecos (que creo es Rabat) pero si es el centro económico y definitivamente, turístico. Las mejores huestes de vendedores, tatuadores y demás clase de embaucadores acuden a esta ciudad para competir por los euros y dólares que puedan conseguir de esas gentes blancas con las bocas abiertas que vendríamos siendo nosotros, los turistas.

Afortunadamente el hostal nos ofreció servicio de transporte desde el aeropuerto porque como después aprenderíamos, cada compra o contratación de un servicio es un proceso que puede ser altamente riesgoso y producir un alto desgaste emocional y psicológico. En otras palabras, siempre tenés las sensación de que te están cagando con lo que te cobraron, o que te van a cagar de alguna manera. Pero el señor de la combi se portó muy bien y nos llevó a los 8, semimuertos después de nuestras 3 horas de sueño en el aeropuerto.

El hostal estaba muy bien ubicado, a un par de cuadras (concepto difícil de aplicar a esta ciudad) de la plaza principal de la ciudad. Al llegar por primera vez pensamos que iba a ser imposible hacer ese recorrido solos nuevamente, pero luego fuimos desarrollando una orientación basada, principalmente, en qué tiendas había que doblar hacia qué lado y cosas por el estilo.


Vendedor nocturno en la plaza

Niño vendedor de naranjas

Almacén

Una vez que hubimos desayunado empezamos nuestro recorrido por las calles del mercado. Y con eso, empezaron las historias. Una mujer occidental resulta muy llamativa para los muchachos de Marrakech. Pero cuando es rubia, pasa a ser irresistible. Alina, la rubia del grupo, empezó a cosechar halagos, propuestas y miradas... intensas. Luego aprendí que estar sólo con las chicas en la calle era una situación totalmente desaconsejable. Una noche se acercó un individuo que pensé iba a ofrecernos hachís (como varios hicieron) pero en realidad quería proponerme un negocio: entregarme una determinada cantidad de camellos a cambio de... Alina. Yo hubiera negociado un alquiler o de última un leasing, pero las chicas se sintieron agraviadas y tuvimos que irnos al hostal.

Como dicen en andalucía “lo poco agrada y lo mucho empacha”. Las miradas que al principio nos parecían consecuencia de la curiosidad, fueron tornándose tan persistentes que yo empecé a considerarlas lascivas. En una de esas, y gracias a mi sordera psicológica (es bien sabido que no es culpa de mis oídos) hubo un malentendido que viene de ejemplo. Caminando por la “peatonal” luego de comer unos kebaps (comida recurrente por su buena relación llenador-precio) un folletero se acerca y les dice algo a las chicas. Según ellas, él les hablaba del Barcelona (venís de España, sos del barça. Sin embargo, yo entendí que con un tono cochinamente “seductor” les decía algo así como sexy. Ná que ver. La cuestión que le dije “You are gross” a lo que él contestó “Thank you”.(son políglotas).

Pasamos en total 3 noches en Marrakech, lo que nos dió casi cuatro días. Uno de ellos hicimos una excursión a unas “cascadas” que había cerca. Fue un fenómeno que yo describiría como cordobés. Había una caída de agua, eso es cierto. Es bonita, sí, como para mirarla un poco y seguir caminando. Pero había tanto circo alrededor como si fueran las cataratas del Niágara. Igual fue divertido, por supuesto.

Fuera de esta excursión, la mayor parte del tiempo fue deambular por las calles, lo que ya era de por sí fuente de diversión, aventura y sabor. Galletas de coco. Dátiles. Frutos secos. Y caracoles. Por el equivalente a 1 euro te vendían en la plaza central un bowl lleno de caracoles cocidos en un caldo que no puedo describir muy bien, ni estoy seguro de calificar como “sabroso”. Pero era más que nada por explorar sabores. En este plan tamibén probamos el famoso cous cous, tajín, pastila (nunca supimos cómo se escribe) y tanjía. Les debo las descripciones de estos platos, principalmente, porque se asemejan mucho entre sí: alguna combinación de carne de ternera, pollo o cordero con papas, zanahoria y pimiento y muchos, muchos condimentos.


Por si no se dieron cuenta, caracoles!

Comprando... comida!

Pueblito que visitamos en una excursión

"Cascada" en la misma excursión



La ocasión donde más temíamos la avivada de los comerciantes era a la hora de comer. Al pasar el tiempo descubrimos que la mayoría de los establecimientos gastronómicos (buena, qué nivel) tenía unos 3 menús. La diferencia entre ellos no era el idioma ni los platos, sino el precio. Suponemos que dividirían a la gente en tres grupos: Yankees y europeos, sudacas y otros, y locales. A veces, si peleabas mucho, lograbas el menú más barato. Pero quién sabe... quizás había un cuarto menú también. De todas maneras siempre podías esperar sorpresas. Uno de los días decidimos contratar a un guía para que nos mostrara lo más importante de la ciudad. Fue buena idea porque nos llevó por partes donde no se nos hubiera ocurrido pasar. Pero la desventaja es que pretenden hacer negocio con todo. Quieren llevarte a “ver” unas artesanías a “muy buen precio” de un “amigo” que él tiene, hacerte comer en un “restaurant” “muy bueno” que tiene un “precio muy conveniente” y cosas por el estilo. Luego de rechazar su primer opción gastronómica porque su concepto de barato no coincidía con el nuestro, nos llevó a una terraza de un hotel donde al menos, la vista era interesante. Al ser un grupo de ocho tratamos de negociar un precio un poco mejor que el que nos ofrecía. Digamos que ofrecía a 80 el menú y nosotros creímos lograr 60 con la bebida. El tipo dijo OK, sesenta. ¿Sesenta cada uno? Dijimos nosotros “Si, sesenta cada uno”. ¿Con bebida, no? “Si, con bebida, si”. Cuestión que comimos, y al terminar resulta que no eran sesenta. Eran setenta. Si, la diferencia no es casi nada (digamos un euro) pero te daban unas ganas de hacer un curso instantáneo de marroquí y decirle algunas cosillas al tipo...

No sé si era muy cierto o no, pero teníamos la sensación de que muchas cosas eran baratas. Pero la gran excepción era la noche. En primer lugar, por más que en realidad es un lugar bastante seguro, (dejando de lado el tráfico) no te daban muchas ganas de andar por ahí de noche. En segundo lugar, y no menos importante, era lo que te cobraban. Una de las noches fuimos a un lugar donde todos salvo Edwin (que por momentos se desconecta de la realidad) nos sentimos fuera de lugar. Como en casi todos los países pobres, hay muchos mendigos e indigentes pero también muchos ricos muy ricos. Y me parece que ellos tomaban algo ahí. Así que al día siguiente fuimos a un lugar donde en teoría íbamos a escuchar “música típica marroquí”. Pueden imaginar nuestra sorpresa cuando entramos y los músicos tocaban una salsa. De todas formas era divertido, pero una cervecita (así, en diminutivo) te salía unos 5 o 6 euros – cuando en Málaga nos sale 1,5. Así que en esos casos uno estira el trago lo más posible y dice no importa, total después vuelvo a Málaga.


El bar del que les hablo. La decoración, lo mejor.

Una de las cosas más curiosas fue ver (e imaginar la vida de) un palacio de un visir de varios siglos atrás. Es algo bastante sabido que la religión musulmana permite hasta cuatro esposas, siempre que se las pueda mantener. Pero en el caso de algunos “afortunados” el límite se flexibilizaba porque incluía a las concubinas, que simplemente prestaban su “compañía” sólo que no podían tener hijos con él. La verdad no se nos ocurrió preguntar por los métodos anticonceptivos del siglo X pero sospechamos que es todo una forma de decir. El palacio que visitamos tenía entonces 4 habitaciones para las esposas y un jardín muy grande con varias habitaciones alrededor para las 28 concubinas. Una cosa es leerlo en las mil y una noches o algo así, y otra ver el lugar e imaginar el tremendo puterío que habría entre todas las chicas y las esposas, los hijos legales, los hijos ilegales, los sirvientes picarones y todas esas cosas. Muy instructivo todo.

Escuchando atentamente al guía

Parte del tour es que te quieran vender de todo!

Al cabo de 3 días ya consideramos haber visto una parte importante de lo que había para ver en la ciudad, pero sobre todo, estábamos un poquito cansados de caminar por la calle sin saber exactamente dónde era calle y dónde era vereda ( con la consiguiente sensación de estar siempre a punto de ser atropellado), así que nos tomamos un tren a Fez, ciudad más tranquila y genuina que Marrakech, por no tener tanto turismo.

Tomamos un tren que en 7 horas nos llevó a destino. Por supuesto, no olvidamos nuestros dátiles y damascos para el camino.


Fez


En teoría la ciudad más antigua de Marruecos, sede de la primera universidad del mundo. Esto es lo que nos dijo el guía por lo menos. Al margen de la exactitud de sus dichos, si city tour fue casi lo único que hicimos en el día que estuvimos en esta ciudad. Fue más que interesante porque en una tarde nos mostró los puntos más pintorescos de la Medina (la ciudad antigua), que hubiera sido imposible recorrer solos sin perdernos. Además, a diferencia del guía de Marrakech éste hablaba español y no una mezcla de todas las lenguas romances.

Qué alivio fue llegar a una ciudad donde no nos perseguían bocinazos de motos ni vendedores, tatuadoras de henna o comerciantes de narcóticos. Fez tenía muchas tiendas, por supuesto, pero los vendedores tenían un estilo más santiagueño a la hora de promocionar sus ventas.

El hotel fue bastante interesante, porque nos dio la sensación de que en algún momento tuvo esplendor, belleza, confort y esas cosas que los hoteles suelen querer ofrecer, pero que luego se vino abajo. La ventaja es que quedaba muy bien ubicado y en una ciudad donde no hay hostales, el precio estaba bastante bien para ser un “hotel”.

Tengo la sensación que en esta ciudad pudimos ver un poco mejor cómo es el verdadero Marruecos, cómo vive la gente y cómo vivía antes. O por lo menos, cómo era la ciudad antes. La Medina permite ver eso, con sus calles estrechísimas, todo amontonado, madera y barro en vez de hierro y cemento.


En una de las calles de la Medina

Luego de dormir en Fez llegó el día de volver a Madrid. Otra vez la experiencia Ryanair. Cola, escalera, carrito de comidas, carrito de perfumes, carrito de quiniela y cola.

Marruecos fue quizás el lugar que me pareció más diferente en todo sentido. Fue muy interesante ver lo distinta que puede ser una cultura, el paisaje y hasta el sabor de la comida. Pero confieso que también fue un alivio volver a España, donde me puedo comunicar, tengo certeza de los precios que tengo que pagar y no tengo esa sensación de que todos nos están mirando. Exactamente lo que uno hace con ellos, qué curioso.

Para más fotos de Marruecos, clic acá


Ésto fue Marruecos. A más de uno le habrá parecido un montón, pero estoy seguro que me olvido de la mitad de las cosas. Bueno, tampoco es esto un informe, pero más de alguna historia se me habrá quedado por ahí.

Próximamente, el relato de los cuatro que siguieron a la capital francesa.


Se agradece su visita. Podéis iros en paz.